viernes, 24 de octubre de 2014

El proceso impostergable de la Revolución Un Cambio Cultural (14/06/2005 )

José Luís Aiarzaguena, un vasco que fue jefe de circulación del Bloque De Armas, repetía cada vez que podía, una famosa frase que quedaría grabada en mi memoria: “Mientras más conozco al ser humano, más quiero a mi perro…”

Confieso, que el Bloque De Armas es un micro-mundo donde se pueden presentar todas las bajas pasiones del ser humano. Desde la más soez de las envidias, hasta la más recalcitrante hipocresía. Créanme, no he visto un lugar tan sórdido en donde el Complejo de Peter pueda ser aplicado con tanta precisión. La zancadilla, la traición, el chisme malintencionado y la puñalada trapera, son el pan nuestro de cada día y el personal, desde el más alto ejecutivo hasta el obrero de limpieza, tienen que andar ojo avizor para evitar salir mal parado, cuando uno de estos personajes siniestros se le mete entre ceja y ceja, reventarle la vida.

¿Por qué me vienen hoy a la memoria estos recuerdos? 

Decía un canciller de la IV República –Consalvi, si no estoy equivocado-, que “no hay nada peor que estar fuera del poder…”. No es difícil trasladar aquellos eventos presenciados en el Bloque De Armas, a cierto tipo de circunstancias que hoy puedo observar en algunos factores de poder enquistados en el Estado. Esos que se empeñan en aplicar las mismas miserias que heredaron de sus tutores “democráticos” y que conspiran para que la revolución se vaya a pique o se transforme en la misma mierda que estamos tratando de erradicar.

A la usanza del Bloque De Armas, la comunicación pasa por alterar aquellas informaciones que no comulguen con algunos intereses y no importa si hay que aplicar filtros o variaciones que embarren un hecho claro que debe ser solucionado. De igual manera, hemos abandonado a funcionarios honestos que desean servir honorablemente a la administración pública, para ocultarle al Comandante Hugo Chávez, situaciones que están dirigidas a abortar el proceso revolucionario. 

Pasó con el fiscal Danilo Ánderson, a quien mataron porque estaba a la caza de unos vagabundos. Fue tarea fácil, luego de reducirlo a cenizas en Los Chaguaramos, enlodar su memoria para que no se convirtiera en un icono de la revolución. De tal manera le jodieron la memoria, que muchos de los que lloraron sobre su féretro, hoy dudan del trabajo que efectuó y se creo el escenario ideal para considerar que estuvo involucrado en hechos deleznables.

Con Danilo, no dejo de hacerme una pregunta que dice mucho de lo que aquí expongo: ¿Si Danilo Ánderson era un delincuente, por qué no lo dejaron vivo y así restregarle en vida todos los delitos que, dicen y aseguran, cometió? Como afirmó el fiscal general Isaías Rodríguez en una entrevista que le hiciera Ernesto Villegas: “El mayor de los problemas para Danilo, es que está muerto y no puede defenderse”.

Así ha pasado con diferentes personajes que son “inconvenientes” a la política de esta nueva burguesía que se ha enquistado en el poder. Son revisados, hurgados, investigados hasta en el mínimo de sus detalles, para luego dejarlos caer ante la opinión pública, sí no obedecen a las líneas que le son dictadas, o pasan a formar parte del cuerpo de adulantes que rodean a aquellos que quieren eternizarse en el poder, ¡claro está!, recibiendo algún tipo de prebenda que los convierta en dependientes de esa nueva logia que frena los sueños del pueblo bolivariano.

Uno de los mayores problemas que esta revolución está en el deber de resolver, es la transformación cultural de quienes trabajan en la administración pública. El Comandante Chávez nombra a un ministro y este ministro nombra a nuevos directores y esos directores nombran a otros que pasan a formar parte del círculo que, suponemos, será el destinado a efectuar los cambios. He aquí que, el ministro de marras, ordena que se lleve a cabo una tarea encomendada por el presidente de la República Bolivariana de Venezuela. A su vez, los directores transmiten esa orden para que la lleve a cabo ese círculo que está, suponemos, dispuesto a cambiar el país. Pero, esta orden choca con un ejército de pequeños, y muy poderosos, jefecitos subalternos que tienen un coñazal de años jodiendo dentro de ese ministerio.

El resultado es desalentador, porque el jefecito que tiene años jodiendo –y sabe como hacerlo-, tiene en sus manos a otro ejército de funcionarios que han actuado como metástasis burocrática y va a utilizarlos para que el director entienda que debe “adecuarse” a eso que no puede cambiar. A su vez, el ministro terminará quedando como un pendejo delante de Chávez o, en el mejor de los casos, culminará con un informe maquillado que refleja lo jodido e inútil que es hacer la revolución en este país. En consecuencia, solo Hugo Chávez –quien tiene los sueños y la esperanza de ese pueblo que está en los cerros-, terminará insistiendo que debemos hacer cambios para transformar el país.

En las comunicaciones del Estado, pasa algo similar. Fulano le dice a Sutano que le eche bolas a tal o cual tarea. Sutano, convencido de esa tarea le dice a Perencejo que debemos asumir una nueva política comunicacional. Perencejo hará lo imposible para que esa vaina no se de… y como en este país las vainas urgentes nacen todos los días, pasarán los meses, para informarle a Sutano que “las vainas no son así”, “que necesitan más estudios neuro-psicológicos de la población”, “que hay otros métodos probados en Indochina que tienen un costo arrechísimo y que hay que consultarlo con el tesoro de la nación”, “que el sindicato de observadores telecomunicacionales y afines a la Gran Caracas no apoya esa tarea”, “que una vaina es el Estado y otra las arepas que el pueblo debe tragarse todos los días” y resulta que, al final, Perencejo terminará haciendo lo que le da la gana y… nuevamente, Hugo Chávez, tendrá que seguir insistiendo en la tarea que no se pudo hacer.

Hugo Chávez no me conoce personalmente y cualquiera puede decirle al Comandante que yo soy una especie de hijo de puta incontrolable, al que hay que destripar, enajenar, enterrar en el más profundo de los huecos y así poder asumir apartar a ese inconveniente hijo de puta. Sin embargo, allí en los cerros hay 15 millones de incontrolables que desean una revolución como la que ha venido anunciando el Comandante Hugo Chávez y que, ¡Gracias a Dios!, sigue pregonando. He aquí la diferencia que esa nueva burguesía no acaba de manejar.

Cuando Hugo Chávez habla de un nuevo socialismo, está hablando de una necesidad impostergable. Cuando Hugo Chávez habla de echar a un lado las desviaciones que ha inoculado el capitalismo en el venezolano, está dictando un curso magistral de humanismo y los ministros, gobernadores, concejales y funcionarios públicos, están obligados a ser ejemplo de honestidad. Cuando Hugo Chávez mantiene aún niveles altos de popularidad en las encuestas y vemos como la percepción popular lo separa de algunos líderes del proceso revolucionario, es necesario que revisemos que carajo está pasando.

Siempre he recordado esa frase de aquel vasco y me he negado a aceptar que confiemos más en un animal doméstico que en el ser humano. Porque el pueblo ha demostrado ser más sabio que quienes han alcanzado el poder y lo han utilizado para joder a los demás. Veo en la gente común, cuestiones más afines al discurso ideológico del Comandante Hugo Chávez, que un millón de discursos destinados a favorecer intereses personales.

Es probable que desaparezcan mis opiniones. Es muy probable que deje de existir y hagan fiesta sobre mi memoria. Pero, este pueblo está lleno de las verdades necesarias y se pregunta y se responde y no es pendejo y sigue aplicando la ley de la verdad, que, al fin y al cabo, es el motor que hace revoluciones.